miércoles, 26 de febrero de 2020

Dormir pensando en Egipto.


Tanto tiempo esperando para retomar el blog. El problema era que en algún lugar recóndito de mí había guardado un pequeño reto: publicar este poema. 

No hace poco escuché en una entrevista decir que la diferencia entre un rapero y un poeta era que el rapero necesita sacar su contenido. Contarlo. Quizá eso me acerque más al primero que al segundo. No sé si es verdad ni era consciente de ese lugar recóndito.

Este poema fue duro de escribir y, durante un tiempo, de leer. Ahora que puedo disfrutarlo como el que camina por un sendero que ha construido, os invito a que paséis y lo veáis desde la distancia. Esta vez no lo hagáis vuestro, no lo entenderíais. 



"Si buscáis explicaciones ni las tengo ni las quiero
No necesito un por qué ya, no necesito entenderlo.
Solo aceptar que soy complejo, tirar y vivir con ello.
Dejé la espada en casa, a veces la echo de menos. "

El Chojín- Recalculando ruta. 

Dormir pensando en Egipto.

Aquellas personas que rezan
quizá no necesiten buscar una explicación.
Intentar que esto lo haga mi cabeza
es hacer que alcance su punto de ebullición.

Prohíbo los pensamientos si me sale odiarte,
a sabiendas de que a veces la culpa no es de nadie.
No esperes que hable de mí si vengo
a despojarme de mis sentimientos

pasadas las diez y veinte de la noche.
Y si por ti tengo un tiburón como coche,
no es un detalle que me monte y ahogue
mientras navega en un mar de música de la Vogue.

Si cambiar las fotos es un problema,
imagínate dormir pensando en Egipto, como nuestro lema.
Siempre me quedará un dilema
y es saber si cumpliremos nuestra promesa:

no disfrazar un adiós de un hasta luego
y volver a saber una vez que se apague el fuego.
Sin rencores ni tampoco absurdos juegos,
dejando también a un lado nuestro ego.

Y a los que se lo cuento me hablan de ‘final feliz’,
como si fuesen palabras que pueden ir juntas.
Amigos, siendo sincero, no sabéis que decís;
prefiero no escuchar el disparo una vez que me apuntan.

Me he dado un tiempo para escribir,
esperando que madurasen mis emociones
y así entender tus explicaciones,
pero aún me pregunto qué cojones te hizo huir.

A sabiendas de que a veces no es de nadie la culpa
sé que alguien tuvo algo que te sirvió de aúpa.
Me jode que sea algo que no me reconocerás nunca.
No va conmigo eso de culpar al suelo por hacerme pupa.

No consuela haber hecho feliz a esos labios carmín
si ya pasé a la historia como Las aventuras de Tintín.
No hay poesía en la tristeza, dice El Chojín,
ni tengo intención de hacer un poema de nuestro ‘Fin’.

Y que vuelvan a tener sentido canciones
que ocultó el olvido por las ilusiones
no hacen más amenas estas situaciones:
intentar volar mientras se caen los aviones.

Si recordarte es volver a llorar,
dejé de posar en una barandilla teniendo vértigo
y la caída fue bestial:
lo grave no es la pesadilla es ser el único testigo.

De verdad que no pretendo hacer sangre,
si no salir sin romper nada de nuestro enjambre.
Fuimos de los mejores vinos que al final saben a vinagre,
te dan la cena y acabas pasando hambre.

Vaciarme hasta saciarme de saber que lo di todo,
pero a veces todo no sirve de nada, como mi pecho,
que me dice que no quiere ser tu almohada
a pesar de todas las veces que lo ha hecho.

Y yo, tan iluso, creía que nos quedaría París,
o eso pensé yo mientras te veía ‘partir-
me’ a trozos como esas fichas del Tetris
que, desde que caen, sabes que no van a coincidir.

Si mi mejor poema es ‘Sígueme a ver el universo’,
empujarme no es la solución a esos versos.
Describí en enero un mayo demasiado perverso
para no atribuirle a mi pensamiento ningún sesgo.

Ahora cobran sentido aquellas películas
que nunca me gustaron, pero la realidad
no nos permitirá vernos en un bar de jazz
donde yo recitaré poemas, como en ‘La La Land.’

Y ahora recuerdo con rabia la independencia
que perseguías por culpa de mi presencia.
Viéndome desde fuera tan ausente por tu ausencia…
he de hacerme fuerte y volver a tomar conciencia.