domingo, 31 de diciembre de 2017

2017

Convivo con llantos y una sociedad ignominiosa que no acepta los cambios de las cosas. Nos aferramos a las mariposas del ayer olvidándonos que fueron gusanos alguna vez. He aprendido que las decisiones no es solo escoger entre múltiples opciones, es acatar el ‘sino’ que los que te rodean han elegido. Amigos que pasan a ser conocidos, un “a ver si nos vemos” se convierte en “y lo que nosotros fuimos”. Quizá lo que queremos decir es que nos vemos… pero en fotos. Porque eso sí, por pantalla y teclado somos amigos de todos. Tú me sigues, yo te sigo. Vivimos entre ‘likes’ y ‘dislikes’, entre Coca Cola Zero y Pepsi Light, Adidas y Nike. No es ni bueno ni es malo, ni siquiera hables del destino ni de un Dios. ‘Dicotomizamos’ todo, pero, a veces, es, simplemente es.

Esta perorata que argumento prueba que no somos meros autómatas, que cambiamos con el paso de las horas y los días; que la rutina mata. Me alegra, me entristece, cambio. Nos modificamos. Amamos lo que antes odiábamos y viceversa. Luego somos causa de críticas que no cesan porque somos contradictorios en nuestras acciones. ¡Somos motores del cambio! Seres de un sistema aleatorio, impreciso. No lo impidas, no malgastes energía, el hecho de intentarlo sería una herejía.

Sin embargo, yo me siento inerme ante esta situación, vacío y falto de razón para decir todo esto. Sin ser una diatriba contra ti, contra él o contra ella; lo que digo es que la vida es bella por sanar y crear las heridas.

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